“En un reino
muy, muy lejano vivía una bella princesa, tenía un largo cabello castaño, ojos
esmeralda, piel blanca y ligeramente bronceada, y de pronto se la come un gran
dragón escupe fuego con brillantes escamas color escarlata brillantes a la luz
del sol..."
'No, no, no
eso no está bien, es la hermosa princesa no puede morir' me reñía mentalmente,
que tan difícil puede ser escribir un cuento para niños, que tan complejo debe
ser, eso no es para lo que nací quiero escribir grandes historias pero mis
prácticas son para cuentos de niños, ¿por qué no puedo hacer otras cosas? como
trabajar en una revista o quizá en un periódico, pero claro que no este es el
único lugar en donde me aceptaron, y no es que sea mal agradecida solo que
hubiese preferido hacer alguna otra cosa sobre todo que sin estas prácticas no
me podre graduar de literatura inglesa.
- Katherine,
¿cómo vas con lo que te pedí?- me decía mi jefe, el dueño y señor de todo lo
que me rodea en el campo laboral, pero también la única persona en el planeta
con la que puedo conversar sin tapujos, él es una de las razones por las cuales
no he tirado todo a la basura.
- Muy bien
Señor Jenkins, casi acabando.- le Contesto, pero claro era una gran mentira ya
que ni siquiera había comenzado pero yo no puedo defraudarlo y él ha sido muy
amable conmigo en dejarme realizar las prácticas aquí, me dio una mirada de ‘te
estoy observando’ y luego se fue a su oficina, en realidad es una gran persona,
al menos conmigo lo es, pero este cuento no me sale, tengo muchas cosas
distintas que quisiera plasmar en páginas y páginas pero simplemente no era la
clase de cosas que se supone que debe leer un niño, así que por esa razón me es
muy difícil realizarlo aunque un cuento es muy sencillo de realizar para mí era
toda una odisea hacerlo porque mi cabeza estaba llena de muchos contenidos y no
sabía simplemente como reducirlo a un cuento feliz e inocente, en efecto mi
lema era ‘entre más fácil lo hagas parecer, para mí siempre será más difícil realizarlo’.
Mi jefe Marcos
Jenkins II es un hombre de 82 años, carismático, regordete con una cabeza
completamente blanca por la edad, era la persona más amigable y humilde que
hubiese conocido en toda mi vida a pesar de ser el dueño de una de las 4
mejores editoriales de cuentos para niños en todo el país. Jenkins Children
Editorial. Está en el puesto número 2 debajo de Children's Books
Editorial, para el Señor Jenkins siempre ha sido un desafío superarlos pero generalmente
está tan cerca que por minutos e incuso segundo los rebaza pero luego Children’s
Books Editorial saca 10 cuentos en serie con grandes contenidos y el Señor Jenkins
baja otra vez, todos los meses nos motiva diciendo: «esta es nuestra
oportunidad, ahora si los vamos a rebasar» pero luego sucede lo mismo, y hay
que admitir que es un hombre perseverante y fiel a sus talentos y a los de sus
empleados ya que nunca nos ha dado palabras de desaliento cuando bajamos de
posición .
El señor Jenkins
es un hombre algo solitario pues además de ser un hombre de mucho dinero era
escaso de familia, muchas personas con las que he hablado me cuentan que el
solo tiene un hijo al cual le va a dejar toda su empresa cuando el muera, yo
nunca lo he visto dicen que se llama Mathew Jenkins y las chicas de mi sector
que lo han visto dicen que es realmente guapo, es extraño que nunca haya podido
verlo, realmente el sí ha venido a la editorial después de que me contrataran
pero él era una persona que se dejaba ver poco y siempre que él iba yo estaba
buscando café o agua, o estaba en el baño, o estaba en descanso, o ese día no podía
ir a trabajar ya sea porque estaba enferma o tenía mucho trabajo de la
universidad. En resumen nunca tenía la oportunidad de conocerlo, aunque tampoco
es que haya puesto mucho empeño en eso porque también se rumorea por los
pasillos, de parte de los empleados masculinos que era un arrogante, claro que
podía ser solo envidia pero los hombres no son chismosos y además, muchas chicas
con las que él “había salido” decían que era un mujeriego y que solo las
buscaba para una noche, pero no se pueden olvidar sus métodos de seducción, era
en realidad un jugador y un chico caprichoso, no sentía ni la menor curiosidad
por conocerlo, yo siempre le huí a esa clase de hombres así que este no me
haría mucha falta, además no estoy interesada, como estamos vamos bien, no
necesito conocer a ningún galán jugador devorador de mujeres. Un sonido de
teléfono timbrando me sacó de mis pensamientos.
-Katherine
puedes venir un momento a mi oficina por favor- era el señor Jenkins desde su
oficina.
- Si Señor en
seguida voy - contesté y colgué el auricular.
La oficina
era de un blanco brillante, tanto paredes como pisos y el techo, todo era
extremadamente blanco, a excepción de los muebles todos eran del color de la
caoba, tenía una pequeña salita con un gran sillón de tres puesto y una silla
individual, en el centro sobre una alfombra se encontraba una pequeña mesa de
té con revistas apiladas en su superficie.
El Señor Jenkins
estaba sentado en la cómoda silla detrás de su escritorio también hecho en
caoba, esa oficina era realmente grande pues detrás del escritorio había una
biblioteca y en la parte derecha había una gran pared de vidrio mostrando la
grandeza de Nueva York.
-Siéntate
Katherine, sin miedo que no muerdo.- me dijo mi Jefe con una sonrisa en
la boca. Tomé asiento en una de las sillas que estaba en frente de su escritorio
y valla que eran cómodas.
- Katherine es
muy importante para mi tener el honor de dirigir tus prácticas pero, me he dado
cuenta de que tienes mucho potencial solo para escribir cuentos para niños,
eres una chica extremadamente creativa y sé que no has terminado lo que te
encargué por más que me hallas dicho que sí, sé que no es así. El sábado viene
de visita mi Hijo Mathew Jenkins, no sé si has escuchado de él.-dijo, por
supuesto que había escuchado hablar sobre su arrogante hijo millonario.- estaba
estudiando Literatura, como tú en Londres, pero como tu es un chico con mucho
potencial literario y creativo así que me pareció una buena idea que lo
conozcas como es debido y así ambos se podrían colaborar, me refiero a que 2
cabezas piensan más que una, así que, como sé que tú no tienes ningún otro
lugar donde realizar tus practicas te voy a poner un trabajo de los grandes
para que lo realices con mi hijo Mathew, así estaría cumpliendo con mi
responsabilidad como padre y como mentor.
El señor Jenkins
me sonrió, yo aún estaba procesando la información, yo, haciendo una trabajo en
equipo con nada más que Mathew Jenkins, cuando había dicho que había nacido
para otra cosa lo decía en serio, yo no puedo hacer un trabajo con Mathew, ni
siquiera lo conozco y tiene muy mala reputación, por otro lado el Señor Jenkins
me estaba dando una buena oportunidad que si fuera lo suficientemente sensata
no la desperdiciaría por nada en el mundo, pero ¿Mathew? ¿En serio, no podía
ser con el chico de fotocopias, Earny?
-Y bueno,
¿qué te parece mi propuesta querida? Es un proyecto de los grandes no lo
olvides.
-Me siento
muy alagada Señor Jenkins, pero no sé si estoy preparada aún para hacer uno de
los grandes.
-Oh,
Tonterías eres excelente escribiendo, tienes mucha profundidad en tus letras,
por favor es una buena oportunidad, no lo vas a negar y no la puedes
desperdiciar.
-Lo sé, pero
creo que no estoy muy segura.
-¿Esto no
será por mi hijo verdad?
‘Si’, quería
decir pero por educación y por el aprecio que le tengo no lo dije.-No, por
supuesto que no, es que…-
-Es que nada,-
me interrumpió- está hecho no tienes excusas para no aceptarla, empiezan la
otra Semana, Mathew llega el sábado.
Me quedé un
momento sumida en mis pensamientos, preguntándome como saldría de esta, ya era
oficial, Mathew Jenkins será mi compañero de prácticas universitarias, lo
último que hubiese querido hacer en toda mi vida sería juntarme un tipo como Mathew
Jenkins, esa era por la misma razón que nunca tuve amigos sexis, todos son unos
perros y siempre le huí a ellos.
-Está bien
Señor, Gracias es usted un gran hombre, gracias por esta oportunidad.- trate de
poner mi mejor sonrisa pero solo me salía una línea curva de pura falsedad,
pero al parecer él no lo notó pues seguía con una sonrisa genuina, una que
mostraba todos sus dientes y hacía ver más redondas y rosadas sus mejillas.
Me levante de
la silla y me dirigí hacia la puerta.
-Katherine-
Voltee al llamado – sé que no te vas a arrepentir querida, escucha mis palabras
y cuando hayas terminado ahí si me das las gracias.
Sonreí y con
un asentimiento de cabeza me retiré de la oficina.
Me fui a mi cubículo,
me senté en mi silla, no demoré ni un segundo cuando Amanda Styles me estaba
acosando para saber que me había dicho el Señor Jenkins, ella sabe que él no es
de llamar mucho a sus empleados a su oficina, solo cuando los va a despedir o
les va a dar importantes instrucciones, del resto, todo era por teléfono, además
ella podía deducir que no era lo primero ya que mi cara era más bien de
impresión y de desconcierto, en realidad estaba muy inexpresiva en ese momento
así que estoy segura que ella ni lo pensó.
-Así que,
¿para qué te quería el Jefe?- Amanda era la única persona en esta oficina además
del Señor Jenkins a quien le podía confiar partes de mi vida. Movió sus grandes
pestañas llenas de mascara haciendo relucir sus grandes ojos azules como
diciendo: «te estoy esperando y no me voy hasta que me cuentes». Amanda era una
chica alta de 1,78 metros de altura, rubia natural, su cabello estaba compuesto
por grandes ondas doradas, de piel blanca y muy delgada era la mujer más
hermosa que he visto y fácilmente podía trabajar de modelo, pero ella dice que
su vocación era el periodismo, además de eso era una persona realmente decidida
a cumplir con sus metas, y para eso ella utilizaba varios métodos de persuasión,
nadie podía decirle que ‘no’, dado que ella presionaba hasta cumplir su
objetivo y estoy muy segura de que esta vez no sería la excepción. Me quedé
pensando en lo que le iba a decir sobre Mathew y el nuevo trato que su padre
nos tenía a ambos.
-Oh! Vamos Kate,
cuéntame ¿qué te dijo? No te hagas rogar- vacile un poco más al respecto pero
aun no tenía una mentira o una excusa para salir de este interrogatorio ya que
aún me encontraba en shock y pensando meticulosamente en cómo me iba a librar de
Mathew Jenkins así que no le di más vueltas y decidí contarle a Amanda los
planes siniestros de nuestro jefe.
-Bueno, el
Señor Jenkins quiere que yo haga un gran proyecto, uno de los grandes- mi
mirada estaba desviada a una taza de té en mi escritorio, aún seguía inexpresiva
mientras lo decía, estoy segura de que Amanda puso una cara de confusión.
-Pero eso es
genial Kate, uno de los grandes WOW! Es una gran oportunidad pero, ¿por qué
estas así? ¿Te dijo algo más?- lo sabía no podía librarme de Amanda hasta que
supiera toda la historia, desvié la mirada de la taza de té y me mire las
uñas.- ¿qué sucedió? ¿Cuál es el problema?
No quité la
mirada de mis manos que ahora se estaban moviendo.- No, en realidad no hay ningún
problema es una oferta fantástica pero…- no hallé las palabras las tenía que
decir y sabía cuáles eran: «es que debo hacerlo con Mathew Jugador Jenkins, un
completo desconocido que además tiene fama de ser un pequeño bastado millonario
usa mujeres» solo que aún no era cociente de mi realidad, ¿por qué de todas las
personas en este mundo tenía que ser yo, aun lo no lo conocía pero
definitivamente lo aborrecía con todo mi ser.
-Kate, tierra
llamando a Kate, ¿qué pasó?
-Me toca
realizarlo su hijo Mathew y me ha caído como un balde de agua helada, déjame procesarlo.
Amanda se reía
mucho de mí, estoy segura que le parecía absurdo pero yo aún no me imagino
tolerando a ese hombre siempre que vallamos a escribir algo, es más estoy tan
segura de que ni siquiera nos vamos a llevar bien y va ser difícil tomar decisiones
porque apuesto a que él siempre cree tener
la razón.
-¿Y es por
eso que estas así de amargada, porque es con Mathew con quien te toca hacerlo?
-Pues…
-No seas
ridícula Kate, es una excelente oportunidad y si Jenkins no te agrada, pues
solo ignóralo y háblale para lo estrictamente necesario, se muy profesional, no
tienes que intimar con él, y bueno sé que el tipo tiene muy mala reputación
pero no puedes rechazar la oportunidad que esperabas desde que entraste aquí, solo
porque el niño mimado Jenkins no te agrada.
Lo pensé y si,
Amanda estaba en lo cierto yo no tenía por qué intimar con él nuestra relación
podía ser estrictamente profesional, solo que no sé cómo podría reaccionar si él
se insinúa o algo parecido pero creo que eso podré manejarlo cuando la
situación lo amerite, sonreí mucho porque al fin me estaba despertando de ese trance
de negatividad y empecé a verle el lado bueno, era una gran oportunidad y por
nada en el mundo podía permitir que se arruinara.
-Sí, tienes
toda la razón Amanda es una gran oportunidad y no la voy a desperdiciar por un
millonario caprichoso.
-Así se
habla, esa es la Kate que conozco,- dijo acercándose y abrazándome con una gran
sonrisa – bueno tengo que seguir trabajando, o seré yo a la próxima que llamen
y no precisamente para darme un gran proyecto.
-Okay,
hablamos entonces Amanda.- le sonreí seguí trabajando en mi problema del pequeño
cuento que no salía.